HISTORIA DEL MINIFUTBOL

1971. LOS COMIENZOS

a) Introducción

En 1971, Torrelodones era un pueblo de las estribaciones de la Sierra del Guadarrama, típico de veraneo. En aquellos años, en los que los veranos eran veranos de los de entonces, de tres meses de vacaciones escolares, muchos madrileños se desplazaban a pasar esa temporada a pocos kilómetros de Madrid.

Nuestro pueblo apenas sobrepasaba los 1.500 habitantes durante el invierno, pero al llegar el verano su población se multiplicaba sobrepasando los 10.000.

Y en Torrelodones, como en tantos otros pueblos de veraneo, no sólo había residentes de todo el año y veraneantes, sino que, al estar separados sus dos núcleos por la -entonces- Carretera de la Coruña, esas dos clases de población se daban por duplicado: los residentes en el Pueblo y sus veraneantes, y los habitantes de la Colonia y sus veraneantes. Pero el Pueblo y la Colonia, pese a estar separados tan sólo por apenas 3 kilómetros estaban totalmente distanciados, incluso podríamos decir que enemistados.

Torre, en aquellos años, estaba considerado como un pueblo de veraneo de gente de alta clase social, lo que creaba una barrera más de separación entre sus diferentes tipos de pobladores, y las casas de los veraneantes eran cotos cerrados donde tenían acceso muy pocas personas.

La familia García de Leániz / De la Torre, era una más de las que llegaban a Torrelodones a finales de junio para regresar a Madrid a principios de octubre. El más pequeño de los hijos, Javier, desde niño había jugado en el jardín de su casa con otros niños: primero los hijos de sus guardeses y de los de sus primos (cuya casa colindaba), luego fueron incorporándose otros amigos de estos, y otros, y otros, y el círculo de niños se amplió. Pero siempre jugaban en casa de Javier, una gran casa de piedra construida en 1910 con un jardín de 4.200 metros cuadrados y que estaba situada entre las calles Jesusa Lara, Manuel Pardo y María Pilar Aparici, en pleno centro de la Colonia (donde actualmente hay una serie de locales comerciales, como El Ojo II, VídeoPrensa, Graciela, etc.) junto al actual cine Charlot. La casa se llamaba "Villa Torresana".

¿A qué jugaban aquellos niños? No, no jugaban al fútbol -pues Javier lo aborrecía-, jugaban a los indios, carreras de chapas, vueltas ciclistas alrededor de la casa... y a todo lo que se les ocurriera, menos al fútbol. Hasta que la tarde de Reyes de 1958 entre el padre y el hermano mayor de Javier lo llevaron a la fuerza a ver un partido de fútbol al Santiago Bernabéu, jugaban el Real Madrid y el Granada y ganó el primero por un rotundo 6 á 0. De aquel Madrid (Alonso, Atienza, Marquitos, Lesmes, Muñoz, Zárraga, Joseito, Mateos, Di Stefano, Rial y Gento) a Javier le entusiasmó su portero, Juanito Alonso, que desde entonces se convirtió en su ídolo. Al llegar a casa pidió a sus padres que le compraran un balón y domingo tras domingo, por la mañana temprano se iba a Torrelodones acompañado de una tía materna (La "Tía Pí", persona muy conocida en nuestro pueblo que falleció hace muy pocos años). Allí, junto a sus amigos, se pasaban el domingo entero dándole a la pelota, y en verano durante todos los días, desde las 9 de la mañana hasta caer la noche.

Pasan los años y Javier descubre "algo" nuevo: las chicas... y el fútbol pasa a un segundo plano. Ya no marcha todos los domingos a pasar el día jugando al fútbol, ni el verano es entero para el fútbol, sino para los guateques. Y únicamente ve a sus amigos "de siempre" cuando tienen algún partido con el equipo del pueblo.

b) El primer Campeonato

A principios del mes de septiembre de 1971, coinciden a la hora del aperitivo Javier y Carlos Blázquez. El encuentro tiene lugar en el Bar Flores (donde ahora está CEAP 2001), el sitio más popular de la Colonia de Torrelodones, un bar muy estrecho pero siempre abarrotado de gente, con un ambiente impregnado de un olor buenísimo a berberechos. Tras la barra Florentín ayudado por su hijo Tinin, a los que ayuda en la cocina la guapísima Mari. El Bar Flores tiene tres momentos fuertes a lo largo del día: el aperitivo, las partidas de mus tras la comida, y la cena, en la que la gente lucha por conseguir una mesa en el pequeño comedor (hoy taller de Shakespeare) donde degustar las excepcionales paletillas de cordero o la sabrosísima merluza.

Carlos le comenta a Javier que es una pena el tiempo que llevan sin verse el grupo de amigos de niños y, por otra parte, que el verano en Torre ya no es tan divertido como antes, y le propone organizar un campeonato de fútbol entre los amigos de siempre, más algún nuevo allegado, en el campo de tenis de Torresana. Los equipos acuerdan hacerlos por sorteo y dado que en esa época está de moda la minifalda, el minicooper, los minis de cerveza, etc., deciden llamarlo MINIFUTBOL. Aplican las reglas del fútbol (no existe en España todavía el fútbol-sala) y ni se plantean pagar un duro de inscripción, sino que le piden a Tinin que les de cinco copas para premiar al equipo campeón.

Ponen manos a la obra y con unos postes viejos y carcomidos construyen unas porterías. El campo mantiene todavía los postes de sujeción de la red de tenis (que los jugadores tendrán que salvar buenamente en los partidos, pues están dentro de lo que es el terreno de juego) y un atractivo especial: cuatro cables eléctricos que lo cruzan a 7 u 8 metros de altura para dar servicio a la casa. Estos cables -durante los años que estuvieron- provocaron infinidad de "fuegos artificiales" cada vez que el balón juntaba dos o más de ellos.

El "Tugurio Johnny Lapho" (un antiguo gallinero habilitado como bar por Javier y Manolo Tena) hace las veces de vestuario y sede. Con el tiempo se harán famosas las reuniones diarias de los minifutboleros hasta altas horas de la noche en el Johnny Lapho, local íntimamente vinculado con el MINIFUTBOL durante los 12 años que se celebró en Torresana.

31 jugadores repartidos en 6 equipos inician este Campeonato que tendrá una vida muy corta, en torno a dos semanas, pues uno de los equipos se retiró desde el segundo partido. ¡Tan sólo se juegan 7 partidos! Al término del Campeonato, Tinin se niega a entregar las copas, dado que no ha llegado a celebrarse en su totalidad, pero pasado un año y al ver que hay continuidad, hace entrega de los trofeos al equipo de los "Johnny Lapho's Boys" (equipo integrado por Javier García de Leániz, Carlos González Biurrun, Epifanio Martín, Juan Olalla y Manolo Tena). Quedó máximo goleador Abraham Matesanz, con 19 goles.

De aquel elenco de jugadores, tres de ellos, que tuvieron papeles fundamentales en la historia del Mini, nos abandonaron muy pronto:

       ABRAHAM MATESANZ LÓPEZ ("La Madre").- Contaba tan sólo 33 años cuando nos dejó. Fue uno de los más entusiastas minifutboleros. Hombre sereno, siempre tratando de imponer un cierto aire de seriedad en las reuniones minifutboleras y en la organización. Excepcional jugador, con un increíble regate de cintura y goleador nato. Amó tanto al MINIFUTBOL que cuando ya no podía jugar, acudía a ver los partidos desde el interior de su coche acompañado por su mujer.

        CARLOS GONZÁLEZ BIRRUN ("Pippi").- Siempre dispuesto a colaborar con el MINIFUTBOL en todo lo que fuera preciso. Impulsor de múltiples ideas y promotor de los veteranos. Hermano más que cuñado, autor del primer mote que se puso en el Mini al nominar a Javier como "La Vieja".

        JULIÁN ARIZA LÓPEZ ("El Pupas").- La alegría y amabilidad personificada. Fenómeno del fútbol, con sus túneles aéreos y "lesiones espectaculares", sobre todo por la rapidez de su curación. Tuvo un papel fundamental en la edición de nuestra revista durante muchos años.

c) Datos del Campeonato

Se puede consultar los datos del campeonato en "Competiciones anteriores" > "I Campeonato de Verano 1971".